~~~Octubre, 2009~~~
¡Pero qué día más
tranquilo! Ya no es muy normal que por aquí en la piscina tenga tan poca gente.
De hecho el tiempo ya no es el del típico verano, pero siempre surgían personas
que venían aquí a nadar en la piscina interior.
Solo han venido
las señoritas mayores que son casi vecinas de aquí, a hacer su hidroterapia con
sus sonrisas que contagian a cualquiera. Son muy buena gente. Al menos tengo la
suerte de tener que atender gente simpática.
Me llamo Carlota
Sánchez McGwire y tengo 19 años, muy cercos de los 20. Nací en Marbella el 5 de
diciembre de 1989, soy hija de padre español y de madre inglesa, dueños de un
bar y de un hotel junto a una playa muy bonita de Marbella. Sigo en Málaga hace
un año y medio, cuando ingresé en el curso de Psicología de la Universidad de
Málaga. Para ayudar a pagar la universidad, trabajo en mis tiempos libres en la
piscina cubierta de Arroyo de la Miel.
Estos ratos
libres en la piscina me da tiempo suficiente para sacar un libro y estudiar un
poco más. El silencio y el olor al agua de piscina son más que perfectos para
entrar en ese mundo de la mente humana que tanto me encanta y tanto gusto me da
en estudiarlo.
- ¡Carlota! – me
grita Concepción, la recepcionista. Joder, una de las muchas veces en la que no
llego a entrar en mi mundo con mi libro – ¿Te molesta estar un ratito en la
recepción mientras yo me tomo la merienda?
- Por supuesto
que no…
Dejo el
maravilloso olor de la pisci y sigo para la silla de la recepción que comienza
a quedarse muy vieja. La recepción es el lugar que más me enfada por la
sencilla razón de que no existe nada que no sea carteles en las paredes
anunciando las inmensas actividades que se hacen por aquí. Son la única cosa
que da un poco de color a este espacio.
Abro el libro y
me desconecto un rato más. Se está muy a gusto… la mente humana es algo
impresionante.
- ¿Hola?
Quito los ojos
del libro con aquella voz que seguramente me estaba llamando. Hacía mí tengo a
un chico que tiene apariencia de tener la misma edad que yo. De bufanda azul y
mochila negra en la mano, me mira, esperando que yo le diga algo.
- Perdona, estaba
distraída… ¿te puedo ayudar?
- Sí… ¿me puedes
decir si Pedro está dando clase?
- No, no está y
no hay certeza de cuándo podrá volver… ¿es una clase de hidroterapia?
- No… es
solamente nadar…
- Entonces yo
puedo dártela… si quieres, por supuesto…
- Me suena bien…
- Pues venga,
vete a poner el equipamiento, que yo te espero en la piscina, ¿vale?
- Vale… pues… me
llamo Pablo…
- Carlota, encantada…
- contesto. Mi cabeza se parece a un auténtico baile, se parece estar
celebrando algo, pero no sé muy bien lo que es.
Continua...
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