jueves, 9 de julio de 2015

1. ¿Quién es ese muchacho?

Carlota

- Hasta ahora hago ocho pistas completas… - comenta Pablo entrando en la piscina.
- Pues haz las ocho pistas y luego veremos lo que podrás hacer…
- ¿Estás aquí hace poco tiempo?
- No… hace casi un año que sigo aquí, pero solo en mis tiempos libres…
- Ya… es que nunca te he visto por aquí… voy a empezar, ¿vale?
- Vale…
Para decir la verdad, este tío tiene muy buena cara. Me parece ser muy majo, pero de eso no puedo fiarme mucho que a veces las apariencias nos equivocan. Me siento en la silla frente a la piscina y lo veo nadando como un pez.
El día sigue aburrido. Pasé todo el día haciendo lo mismo: sentada en la silla, mirando a la poca gente que estuve aquí en la piscina. Al menos podría existir algún alma que ahogase en la piscina o que hiciese una herida pequeña para quebrar esta puta rutina. ¡Qué tedio!
Del silencio surge Pedro, el mismo que salió por la mañana sin nada decir a nadie. Estaba cabizbajo, se sentó a mi lado y se puso haciendo lo mismo que yo, pero sin una sola palabra soltar, ni tan solo un saludo.
- En la piscina está Pablo… - suelto yo la frase con la esperanza de que saliese algo de su boca.
Seguíamos hechas dos estatuas, sin hablar, sin mover, solo mirando a ese chico que seguía nadando en la piscina. El ambiente está muy raro entre nosotros hace algún tiempo, pero desde aquella noche en la que salimos con mi clase y con la suya, de medicina, que nada sigue igual. Algo ha pasado y yo sigo sin saber lo que es.
- Pedro, estás muy raro…
- ¿Pablo está haciendo las ocho pistas?
- No cambies el tema, ¿qué te pasa?
- No me pasa nada… a ti sí que te pasa algo…
- ¿Por qué?
- No te hagas de tonta, Carlota… tú y aquel tío bailando en la pista cuando…
- ¿Algo malo en hacerlo? – le interrumpo.
- No me ha gustado…
- ¿Pero tú eres mi novio para decir eso? Yo bailo con quien quiero y ya está… no tengo que justificarme para nadie…
- Pensé que teníamos algo…
- Eso podía sucederse si no tuvieses constantemente haciendo esas cosas… que no me gusta esto, que no debes irte, que no debes comer… ¡joder, qué pesado eres!
- Solo te digo eso para…
- … lo dices para nada. – interrumpo de nuevo - Solo haces con que me enfade y me aleje de ti… me voy, que tengo mucho que hacer…
Me levanto de la silla, miro el reloj y el milagro de las siete de la tarde se sucede. Es hora de salir aquí y no podía sucederse en mejor momento.  Recojo mi bolso y a pasos bien rápidos subo las escaleras hacía la recepción, dónde el silencio permanece y Concepción sigue distraída con sus inmensas revistas.
- Hasta mañana, Concepción… - le digo.
- Oye, que no te estaba escuchando… ¡hasta mañana, guapa!
- Bueno, al menos llegué en el momento cierto… - saliendo del edificio veo a Isabel, mi mejor amiga, con quién comparto el piso – Manu me ha llamado a ver si hoy podríamos cenar todos juntos… ¿qué te parece?
- Hoy no es un buen día…
- ¿Ha pasado algo?
- Es Pedro… cada vez es más pesado conmigo, el tío no me deja…
- No te enfades con gilipollas como él… lo mejor sería salir de aquí… así dejarías de verlo…
- Me encantaría, pero sin este trabajo se queda muy complicado mantenerme en la universidad… hay que aguantar un poco más…
- Es un problema… venga, nena, ven conmigo a cenar, por favor…
- Hoy es jueves, Isabel… si fuera mañana sería mucho mejor, lo sabes…
- Para mañana ya tenemos algo también…
- Hasta mañana, Carlota… - pasa Pablo con una sonrisa.
- Hasta mañana… - le respondo.
- ¿Quién es ese muchacho? – me susurra Isabel.
- Es un chico que frecuenta la piscina…
- Qué guapo es… lo veo que aquí yo tenía mucha cosa buena para contemplar…
- No te iludes, niña… la piscina está muchas veces vacía…
- Qué pena… y qué pena es que tú no sepas nada de él…
- ¿De quién?
- ¿Eres tonta o qué? Del tío que ha pasado ahora mismo…
- ¿Para qué debería saber algo de él?
- … porque estás sola, necesitas de un chico para animarte... y yo también necesito conocer nueva gente…
- Ya…
- A ver si en la próxima vez que él esté por aquí tú le saques algunas informaciones…
- Vale, vale... ¿ahora podemos irnos?
- Sí, podemos… ¿ni el nombre sabes?
- Qué pesada eres, Isabel… se llama Pablo…
- Muy interesante… nos vamos a cenar y no me importa si dices que no... te voy a ayudar a buscar un chico para ti…
- Si hablas otra vez de esto, yo te pongo a dormir en la calle, ¿eh?
- Eres mala, ¿eh?… ¿cómo van las cosas en la universidad?
- Muy buenas…
- ¿Muy buenas? Estás tan rara, tía…
- ¿Qué quieres que te diga?
- Nada… no me digas nada…
Pronto estábamos en el restaurante junto a la playa dónde Manuel había dicho. Siempre nos encontramos por aquí para pasar noches muy agradables y por supuesto que el mismo grupo de los siete no podía faltar. Yo, Isabel, Manuel, Pepe, Quique, Carlos y Catalina. Somos una pequeña familia aquí en Málaga, dónde todos estamos lejos de nuestras casas, de nuestras familias y sabemos perfectamente lo que es vivir en un lugar dónde tienes que vivir por algún tiempo si quieres tener un futuro mejor.
- Lo sabéis que la paella es nuestra cena… - comenta Manuel.
- … ¿pero quieres mejor plato? – dice Carlos – Yo sin la paella no sería nadie…
Carlos y la paella son amigos inseparables. Si pudiera, la comía todos los días y seguro que no le molestaba tener que comer siempre la misma cosa. Es muy buen amigo, tiene un humor muy difícil de explicar. Siempre tiene chistes nuevos para contar y quizás sea por eso, con su tan grande y buena energía, que quiere ser profesor, especialmente en clases con niños pequeños.
Mientras disfrutábamos de la paella y de los chistes malísimos de Carlos, Isabel me toca en el brazo de forma muy discreta y susurra:
- Mira quién está en aquella mesita…
En la mesa que Isabel estaba mirando llegaba Pablo, el chico que tanto encantó a ella. Venía acompañado de una chica guapísima y me parecía ser su novia. Sin embargo, Pablo mira nuestra mesa y de forma poco discreta me da un “adiós”. En ese mismo momento no sé qué ha pasado, pero giro mi cara y no le contesté. Isabel me toca muy fuerte en el brazo, con una cara que me estaba preguntando de forma silenciosa “¿No le contestas?”

CONTINUA...

No hay comentarios:

Publicar un comentario