Carlota
- Oh baby… yo te echo de menos, you know?
- Yo también…
¿cómo está Elena?
- Tu hermana está
muy bien… le está encantando trabajar en el hospital… ¿y tú, cómo estás?
- Bien… lo estoy
llevando genial en la universidad…
- So good… a ver si te cuidas, pequeñita… I love you…
- I love you too…
Nada es mejor que
poder hablar con tu madre aunque con ella tengas que sufrir la mezcla del español
a veces muy mal pronunciado, con el inglés que después de 26 años en España
sigue saliendo demasiadas veces.
Echo de menos mi
casita, mis cosas, la gente del bar, del hotel, de estar en la marina solo para
ver la puesta del sol, de mis amigos y sobre todo, del aire de Marbella. Soy Marbellís
de corazón y aunque no esté tan lejos de mi tierra, me voy pocas veces a
visitarla.
El fin de semana
vino con un regalo estupendo: mucho sol y mucho calor. Aprovecho el adelanto de
estudio que hizo en la piscina para pasar todo el fin de semana en la playa.
Nada me puede llenar más el alma que desconectarme de todo en el mar. Es mi
terapia perfecta.
- ¡Carlota! –
desde lejos me llamaba David, mi compañero de clase.
- ¿David?
- ¿Qué tal?
- Bien… ¿y tú?
- También… ¿qué
haces aquí sola? ¿Dónde está Isabel?
- Yo he venido a
relajarme un poquito… Isabel se fue a pasar el fin de semana en Almería, en la
casa de unos tíos suyos…
- ¿Te molesta que
te haga compañía? Yo estoy solo también…
- Hombre, por
supuesto que no… ponte ahí la toalla…
- Cuéntame
novedades Miss Charlotte…
- ¡Deja de
bromear con mi nombre, eh!
- Que va, tienes
un nombre bonito, pero lo que no entiendo es que tú tengas un apellido inglés
si eres española…
- Mi madre es
inglesa y mi hermana por suerte no es inglesa también…
- ¿Tienes una
hermana?
- Sí… se llama
Elena…
- Te gusta tu
familia, lo veo…
- Sí… somos muy
unidos… separarme de ellos para irme a estudiar aquí no fue fácil… echo de
menos mi Marbella bonita…
- ¿Marbella? Yo
siempre pensé que venías de Sevilla…
- ¿En serio?
- Sí… y me lo
creo que media clase piensa lo mismo porque te hemos visto bailando las
sevillanas el año pasado… pero al final eres malagueña…
- Yo me aprendí las
sevillanas en pequeñita… a mi madre siempre le hizo mucha ilusión, aunque yo en
aquella época no lo quisiese… yo soy malagueña en la sangre y eso nadie me lo
quita… eres un chalao’, David…
- ¿Soy el qué?
- Chalao’… tonto…
- Venga, a mí ya
me basta escuchar eses malaguismos
raros en la calle… no me vengas tú, también…
- Vale, vale… ¿no
te gusta?
- Tiene su
gracia… así como las malagueñas también tienen su gracia…
- ¡Qué gracioso
eres, David! – le digo de forma irónica.
- Estoy hablando
en serio… me gustas mucho, ¿sabes?
- Ya… - el clima
entre nosotros comienza a quedarse muy raro – Pues… a ver si tenemos buena
temperatura en el agua… ¿te vienes?
- Sí… esperemos
que no esté muy fría…
Nos levantamos y
suelto un suspiro. Al menos tuve una buena manera de terminar con toda aquella
conversación que estaba quedándose muy rara. ¿Qué está pasando con David?
¿Ahora todos los chicos que conozco se declaran indirectamente a mí?
Primeramente fue Pedro, ahora es él, el mismo que hace pocas semanas me lo
confesó que estaba enamorado por Isabel.
- Cariño, mañana
nos vemos… espero que no tengas nada para hacer… - me dice mi padre por la
noche en el teléfono.
- Tranquilo, no
tendré nada para hacer… ¿Elena también viene?
- No, ella
trabaja en los domingos, ¿recuerdas?
- Sí, sí… es que me
estaba olvidando de eso…
¿Dónde tengo mi
cabeza, por Dios? Yo sé perfectamente que mi hermana trabaja a los domingos y
que sus días de descanso son los martes y los miércoles. Además, ya me olvidé
por dos veces de las llaves del apartamento en mi coche. Esto se está quedando
cada vez más raro y no sé qué me está pasando.
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