lunes, 13 de julio de 2015

2. ¿Dónde tengo mi cabeza?

Carlota

- Oh baby… yo te echo de menos, you know?
- Yo también… ¿cómo está Elena?
- Tu hermana está muy bien… le está encantando trabajar en el hospital… ¿y tú, cómo estás?
- Bien… lo estoy llevando genial en la universidad…
- So good… a ver si te cuidas, pequeñita… I love you
- I love you too
Nada es mejor que poder hablar con tu madre aunque con ella tengas que sufrir la mezcla del español a veces muy mal pronunciado, con el inglés que después de 26 años en España sigue saliendo demasiadas veces.
Echo de menos mi casita, mis cosas, la gente del bar, del hotel, de estar en la marina solo para ver la puesta del sol, de mis amigos y sobre todo, del aire de Marbella. Soy Marbellís de corazón y aunque no esté tan lejos de mi tierra, me voy pocas veces a visitarla.
El fin de semana vino con un regalo estupendo: mucho sol y mucho calor. Aprovecho el adelanto de estudio que hizo en la piscina para pasar todo el fin de semana en la playa. Nada me puede llenar más el alma que desconectarme de todo en el mar. Es mi terapia perfecta.
- ¡Carlota! – desde lejos me llamaba David, mi compañero de clase.
- ¿David?
- ¿Qué tal?
- Bien… ¿y tú?
- También… ¿qué haces aquí sola? ¿Dónde está Isabel?
- Yo he venido a relajarme un poquito… Isabel se fue a pasar el fin de semana en Almería, en la casa de unos tíos suyos…
- ¿Te molesta que te haga compañía? Yo estoy solo también…
- Hombre, por supuesto que no… ponte ahí la toalla…
- Cuéntame novedades Miss Charlotte
- ¡Deja de bromear con mi nombre, eh!
- Que va, tienes un nombre bonito, pero lo que no entiendo es que tú tengas un apellido inglés si eres española…
- Mi madre es inglesa y mi hermana por suerte no es inglesa también…
- ¿Tienes una hermana?
- Sí… se llama Elena…
- Te gusta tu familia, lo veo…
- Sí… somos muy unidos… separarme de ellos para irme a estudiar aquí no fue fácil… echo de menos mi Marbella bonita…
- ¿Marbella? Yo siempre pensé que venías de Sevilla…
- ¿En serio?
- Sí… y me lo creo que media clase piensa lo mismo porque te hemos visto bailando las sevillanas el año pasado… pero al final eres malagueña…
- Yo me aprendí las sevillanas en pequeñita… a mi madre siempre le hizo mucha ilusión, aunque yo en aquella época no lo quisiese… yo soy malagueña en la sangre y eso nadie me lo quita… eres un chalao’, David…
- ¿Soy el qué?
 - Chalao’… tonto…
- Venga, a mí ya me basta escuchar eses malaguismos raros en la calle… no me vengas tú, también…
- Vale, vale… ¿no te gusta?
- Tiene su gracia… así como las malagueñas también tienen su gracia…
- ¡Qué gracioso eres, David! – le digo de forma irónica.
- Estoy hablando en serio… me gustas mucho, ¿sabes?
- Ya… - el clima entre nosotros comienza a quedarse muy raro – Pues… a ver si tenemos buena temperatura en el agua… ¿te vienes?
- Sí… esperemos que no esté muy fría…
Nos levantamos y suelto un suspiro. Al menos tuve una buena manera de terminar con toda aquella conversación que estaba quedándose muy rara. ¿Qué está pasando con David? ¿Ahora todos los chicos que conozco se declaran indirectamente a mí? Primeramente fue Pedro, ahora es él, el mismo que hace pocas semanas me lo confesó que estaba enamorado por Isabel.
- Cariño, mañana nos vemos… espero que no tengas nada para hacer… - me dice mi padre por la noche en el teléfono.
- Tranquilo, no tendré nada para hacer… ¿Elena también viene?
- No, ella trabaja en los domingos, ¿recuerdas?
- Sí, sí… es que me estaba olvidando de eso…
¿Dónde tengo mi cabeza, por Dios? Yo sé perfectamente que mi hermana trabaja a los domingos y que sus días de descanso son los martes y los miércoles. Además, ya me olvidé por dos veces de las llaves del apartamento en mi coche. Esto se está quedando cada vez más raro y no sé qué me está pasando.

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