martes, 28 de julio de 2015

7. Bajo la lluvia

Enero, 2010
Carlota

Ya no me recordaba de la sensación de sentirme helada con el frío de invierno. La última vez que lo sentí de verdad fue hace tres años, cuando pasé la Navidad en la casa de mis abuelos maternos, en el sur de Londres. En tierras inglesas el frío se hace sentir de una forma muy cruel, pero aquí en este paraíso que es el sur de España, más precisamente en Marbella y en Málaga, eso no se sucede.
Este año empezó con una ola de frío a la que los del sur no están acostumbrados. La lluvia intensa también no ayuda, además hoy que tengo que irme a pie para la facultad. Mi coche está en la oficina e Isabel tuve que salirse más temprano.
Recojo mi paraguas, pongo mis botas negras, chaquetón, el bolso que parece que se lleva piedras en el interior y sigo yo en esta aventura de caminar en día de lluvia intensa. Estos días son tan tristes, son demasiado nostálgicos y me hicieron llegar a la clase con los pantalones casi todos mojados. Solo espero no quedarme constipada después de todo esto.
- ¡Qué pantalones secos tienes! – me dice David muy irónicamente.
- Justo hoy tuve que irme a pie, que tengo el coche en la oficina…
- ¿Por qué no me has dicho? Yo podía llevarte…
- Mi casa no es lejos de aquí…
- Sí, pero con esta lluvia te quedas mojada muy rápido… eres una tonta, ahora tienes los pantalones mojados…
- Los voy a secar en el baño…
- Es mejor que te adelantes, que la clase empezará en menos de diez minutos…
- Ya… ¿puedes quedarte con mis cosas un ratito?
- Sí, claro…
Sigo para el baño, dónde el secador de manos hizo en pequeño milagro y me secó un poco los pantalones, así como mi pelo, que tenía las puntas también mojadas. Por muy poco no me bañado totalmente en la lluvia.
- ¿Qué te ha pasado, nena? Estás tan mojada… - comenta María, mi compañera de clase.
- Yo vino a pie y la lluvia hizo de las suyas…
- Yo también me he mojado un poquito… venir en autobús también tiene su cosa…
Allí estuvimos las dos, charlando un poquito mientras los secadores de manos secaban nuestros pantalones. La verdad es que no tengo mucha conexión con María. No es de las personas con quién estoy más veces y tampoco nos hemos encontrado en algún ambiente diferente de lo de la universidad. No me parece ser una mala persona.
- Pues nos vamos… que la clase empezará ahora… - digo.
- Claro… un retraso no es nada agradable…
Por la primera vez me quedé junto a ella en la clase. Estaba yo, ella, David y María. Lo normal es estar solo yo y David, de quién yo tengo la mejor amistad en la clase. Nos llevamos muy bien, él es un tío estupendo, muy gracioso y siempre dispuesto a ayudar a los demás.
- Anda, yo te llevo a casa sino te quedarás aún más mojada… - me dice él al salir de la última clase del día.
- Ahora no llueve con la misma intensidad...
- No importa… ven, a mí no me molesta nada…
- Vale… gracias, ¡eh!
En menos de diez minutos ya estaba parando el coche justo en la frente de mi apartamento. Estuvimos todo el camino hablando, él siempre tiene algo para hablar, ni que sea de algo sin sentido ninguno.
- Muchas gracias, David…
- ¿Mañana ya tendrás tu coche? Sino yo paso por aquí y te llevo…
- No lo sé…
- Cuando sepas dime algo… no necesitas de cansarte, es todo un gusto tener tu compañía…
- Gracias por tu elogio… siempre tan caballero, ¿eh?
- Solo para quién lo merece, te lo digo…
Estaba lista para abrir la puerta y despedirme de él, pero David me interrumpe:
- Espera… tengo que decirte una cosa: eres muy especial para mí… - se acercó a mí y en un gesto fugaz sus labios estaban a punto de juntarse a los míos. Mi primera reacción fue la de alejarme, aumentado la distancia entre nuestras caras. El tío ama a Isabel, no a mí y eso lo sé perfectamente.
- Hasta mañana, David… gracias, una vez más… - le digo.
- Hasta mañana, Carlota… no olvides de avisarme…
- Yo lo haré, no preocupes… - le respondo con una sonrisa.
Salgo del coche y cierro la puerta casi sin mirar a David. El clima entre nosotros ya era un poco cerco, pero ahora me lo creo que es demasiado. Él me sonreí, me da un adiós con la mano y pone marcha al coche. 

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