Enero, 2010
Carlota
Ya no me
recordaba de la sensación de sentirme helada con el frío de invierno. La última
vez que lo sentí de verdad fue hace tres años, cuando pasé la Navidad en la
casa de mis abuelos maternos, en el sur de Londres. En tierras inglesas el frío
se hace sentir de una forma muy cruel, pero aquí en este paraíso que es el sur
de España, más precisamente en Marbella y en Málaga, eso no se sucede.
Este año empezó con
una ola de frío a la que los del sur no están acostumbrados. La lluvia intensa
también no ayuda, además hoy que tengo que irme a pie para la facultad. Mi
coche está en la oficina e Isabel tuve que salirse más temprano.
Recojo mi paraguas,
pongo mis botas negras, chaquetón, el bolso que parece que se lleva piedras en
el interior y sigo yo en esta aventura de caminar en día de lluvia intensa.
Estos días son tan tristes, son demasiado nostálgicos y me hicieron llegar a la
clase con los pantalones casi todos mojados. Solo espero no quedarme constipada
después de todo esto.
- ¡Qué pantalones
secos tienes! – me dice David muy irónicamente.
- Justo hoy tuve
que irme a pie, que tengo el coche en la oficina…
- ¿Por qué no me
has dicho? Yo podía llevarte…
- Mi casa no es
lejos de aquí…
- Sí, pero con
esta lluvia te quedas mojada muy rápido… eres una tonta, ahora tienes los
pantalones mojados…
- Los voy a secar
en el baño…
- Es mejor que te
adelantes, que la clase empezará en menos de diez minutos…
- Ya… ¿puedes
quedarte con mis cosas un ratito?
- Sí, claro…
Sigo para el
baño, dónde el secador de manos hizo en pequeño milagro y me secó un poco los
pantalones, así como mi pelo, que tenía las puntas también mojadas. Por muy
poco no me bañado totalmente en la lluvia.
- ¿Qué te ha
pasado, nena? Estás tan mojada… - comenta María, mi compañera de clase.
- Yo vino a pie y
la lluvia hizo de las suyas…
- Yo también me
he mojado un poquito… venir en autobús también tiene su cosa…
Allí estuvimos
las dos, charlando un poquito mientras los secadores de manos secaban nuestros
pantalones. La verdad es que no tengo mucha conexión con María. No es de las
personas con quién estoy más veces y tampoco nos hemos encontrado en algún
ambiente diferente de lo de la universidad. No me parece ser una mala persona.
- Pues nos vamos…
que la clase empezará ahora… - digo.
- Claro… un
retraso no es nada agradable…
Por la primera
vez me quedé junto a ella en la clase. Estaba yo, ella, David y María. Lo
normal es estar solo yo y David, de quién yo tengo la mejor amistad en la
clase. Nos llevamos muy bien, él es un tío estupendo, muy gracioso y siempre
dispuesto a ayudar a los demás.
- Anda, yo te
llevo a casa sino te quedarás aún más mojada… - me dice él al salir de la
última clase del día.
- Ahora no llueve
con la misma intensidad...
- No importa…
ven, a mí no me molesta nada…
- Vale… gracias,
¡eh!
En menos de diez
minutos ya estaba parando el coche justo en la frente de mi apartamento.
Estuvimos todo el camino hablando, él siempre tiene algo para hablar, ni que
sea de algo sin sentido ninguno.
- Muchas gracias,
David…
- ¿Mañana ya
tendrás tu coche? Sino yo paso por aquí y te llevo…
- No lo sé…
- Cuando sepas
dime algo… no necesitas de cansarte, es todo un gusto tener tu compañía…
- Gracias por tu
elogio… siempre tan caballero, ¿eh?
- Solo para quién
lo merece, te lo digo…
Estaba lista para
abrir la puerta y despedirme de él, pero David me interrumpe:
- Espera… tengo
que decirte una cosa: eres muy especial para mí… - se acercó a mí y en un gesto
fugaz sus labios estaban a punto de juntarse a los míos. Mi primera reacción
fue la de alejarme, aumentado la distancia entre nuestras caras. El tío ama a
Isabel, no a mí y eso lo sé perfectamente.
- Hasta mañana,
David… gracias, una vez más… - le digo.
- Hasta mañana,
Carlota… no olvides de avisarme…
- Yo lo haré, no
preocupes… - le respondo con una sonrisa.
Salgo del coche y
cierro la puerta casi sin mirar a David. El clima entre nosotros ya era un poco
cerco, pero ahora me lo creo que es demasiado. Él me sonreí, me da un adiós con
la mano y pone marcha al coche.
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