Carlota
Los días en la
piscina los tengo llevado genial. Ahora hay mucha animación y la música se hace
escuchar por todos los espacios. Me siento muy alegre en los últimos tiempos,
más ahora que tengo autorización de nadar un poco en la piscina cuando no esté
a nadie.
Disfruto mucho de
llegar aquí, poder quitar la ropa de invierno y estar de bañador y chanclas. Es
como si pudiera sentir el verano por algún rato. Un día de esos estaba solo yo,
la música y la piscina y las ganas de bailar me hicieron hacer un espectáculo
de baile allí mismo. Es como sintiese la verdadera sensación de libertad, pero
cuando en uno de los pasos me giro y veo a Pablo aparecer, la vergüenza fue
muchísima:
- Puedes seguir
bailando, yo nadando en la piscina no veo nada… - me dice.
- Mi trabajo es
vigilar a los utilizadores de la piscina y no de bailar…
- Vale… ¿ahora
tenemos música?
- Sí… han
decidido poner música de fondo… no está nada mal…
- En Madrid no
hay eso…
- ¿Pero estás
comparando esta piscina a las de Madrid? – digo yo bromeando con él.
- Todo lo que es
de Málaga es mucho mejor que Madrid…
- Eso espero…
- Tú eres
malagueña…
- ¿Por qué
preguntas?
- Por tu cara…
defiendes Málaga como solo los malagueños lo hacen…
- Bueno, no he
nacido aquí en la ciudad… pero soy de la provincia…
- ¿Eres de
Torroles? ¿De Nerja?
- Soy de
Marbella… - respondo.
- No estás muy
lejos de casa…
- … no estoy
lejos, pero me voy muy pocas veces… - le interrumpo – Después me arrepiento
porque comienzo a echar de menos mi familia…
- Yo lo sé cuál
es esa sensación… ahora que yo paso muchas semanas en Madrid, siento lo mismo…
- Es que yo y mi
familia somos muy unidos…
- La mía también…
- me interrumpe - ¿Tienes hermanos?
- Tengo una
hermana mayor… se llama Elena…
- ¡Qué
casualidad! Elena es el nombre de mi madre…
- Qué gracioso…
¿tú tienes hermanos?
- Un hermano y
una hermana… los dos son mayores que yo…
- Seguro que
también lo sabes lo que es ser el pequeño de la casa…
- Lo sé, de
verdad… pasen los años que pasen, mi madre me sigue llamando de Mon petit chéri…
- ¡Mon petit chéri! – lo repito y casi me
meo de risa al escucharlo.
- Mi madre es
francesa, sabes… tengo que llevar con estas cosas… - afirma él sonriendo.
- Tiene su
gracia… pero deberías estar contento, yo escucho cosas muy peores…
- ¿Por qué?
- Yo soy la baby girl de la casa… otras veces me
llaman Boo-boo… las madres inglesas
tienen estos nombres raros para sus hijas...
Pablo nada me
responde por un rato. El tío casi me meaba se risa cuando yo pronuncié el Boo-boo. Es algo a lo que estoy acostumbrada,
pero él tiene una risa que contagia.
- Perdóname,
pero… Boo-boo es un nombre tan… madre
mía, no puedo parar de reírme… - me dice.
- Esto pasa
porque la primera palabra que solté en mi vida fue “Boo”… por eso me han dado este nombre un poco ridículo…
- Bueno, revela
cariño… sufrimos con estas cosas por tener madre extranjeras…
- Es verdad…
- Tenemos que
hacer el Club de los hijos de madres extranjeras…
- Ya… y nos
juntamos para lamentar estas cosas, ¡está muy bien! Es un privilegio que nos llamen
por estos nombres raros…
- Boo-boo… - dice Pablo con una sonrisa.
- Mon petit chéri… - le digo como
venganza.
- Boo-boo… - volvió a repetir.
- Mon petit chéri… - repito sonriendo.
- Boo-boo… Boo-boo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario